Información
| Peso | 180.0 kg |
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| Cant. de paginas | |
| Editorial | |
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Reseña
b’Imposible liberarse de la invasixf3n de la lengua, es la materia laboriosamente aprehendida desde la infancia. Imposible comulgar con las cosas, porque las cosas noson, sino las palabras con las que aprendimos a designarlas, cuando todavxeda no tenxedan un nombre. Se comulga con la lengua que nombra las cosas. Y solo con la lengua escrita, objetivada como un silencio nuevo, se alcanza a entrever, como un adixf3s o un xe9xtasis, el resplandor de lo que ya hemos visto.nUn Francis Bacon escrito por Pascal Quignard reivindica en una carta imaginaria la escritura, y no el silencio al que se entregxf3 Lord Changos al no poder decir cada cosa en-si. La escritura como contemplacixf3n estremecida y coalescencia. Bendita llave ensangrentada de la escritura, que abre la puerta mxe1s allxe1 del abismo y de la muerte, como la llave de un cuento de Charles Perrault. Llave que no se seca jamxe1s. Pascal Quignard borda su carta desde la fisura entre el deseo y lo real, herida que se reabre, desgarramiento. El hilo con el que borda une a dos exiliados del mundo, Emily Bronte y Georg Handel, dos confinados pro propia voluntad. Retirados para revivir, para recuperar el asombro primordial con la escritura como tercera mano.’











