Información
| Peso | 0.247 kg |
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Reseña
b’Como ya hiciera en Apegos feroces y La mujer singular y la ciudad, Vivian Gornick vuelve a mostrar, en las irresistibles vixf1etas que componen Mirarse de frente, su inigualable talento para aunar el recuento de sus propias vivencias y la reflexixf3n, con esa mezcla de ingenio, frescura y sabidurxeda que ha hecho de ella una autora ya insustituible para tantos y tantos lectores.nnnEn este nuevo libro, Gornick convierte el recuerdo de su experiencia como camarera en los Catskills no sxf3lo en una agridulce aproximacixf3n al deseo juvenil y los trabajos veraniegos, sino en una indeleble toma de contacto con las desigualdades de clase y de gxe9nero. Su periplo como profesora visitante por varias universidades estadounidenses le sirve para trazar una maravillosa y tragicxf3mica radiografxeda del paisaje acadxe9mico como suplicio para el espxedritu: comunidades aisladas, con sus ritos y rencillas, con su peculiar dinxe1mica de soledad y sociabilidad, donde el alma se enmohece rodeada de seres sxf3lo en apariencia afines. Ya sea para hablarnos de su relacixf3n con la ciudad, de su evolucixf3n como feminista o para meditar sobre los recxf3nditos motivos por los que una antigua amiga suya, pese a ser admirada y amada por muchos, evadxeda sistemxe1ticamente cualquier atisbo de intimidad, Gornick vuelve a ofrecernos la singular mirada -valiente y feroz, empxe1tica y siempre de frente- con la que encara el mundo.’











