Información
| Peso | 0.31 kg |
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| Editorial | |
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Reseña
b’xabxbfHay valores universales? xbfDxf3nde situar lo que es comxfan a todos los hombres? xbfCxf3mo concebir el dixe1logo entre las culturas? Para responder a estas cuestiones, hemos de observar el surgimiento de lo polxedtico a partir de lo comxfan y remontar el curso de la compleja historia de nuestra nocixf3n de lo universal, rebasando el punto de la invencixf3n del concepto y observxe1ndolo en la ciudadanxeda romana o en la neutralizacixf3n de todas las divergencias que se produce gracias a la nocixf3n de la salvacixf3n cristiana. Pero convendrxe1 interrogar a las demxe1s culturas: xbfacaso no es la bxfasqueda de lo universal la singular preocupacixf3n de Europa? Es hora, en efecto, de abandonar el universalismo fxe1cil y el relativismo indolente, y de volver a determinar cualitativamente unos derechos humanos absolutos, de pensar de nuevo el dixe1-logo de las culturas en txe9rminos que no sean de identidad y de diferencia, sino de distancia y de fecundidad, sin olvidar el plano comxfan de lo inteligible; de considerar por tanto que esas culturas son otros tantos recursos que hay que explorar, a pesar de estar amenazados por la moderna tendencia del mundo a la uniformidad. Y es que sxf3lo esta pluralidad de las culturas permitirxe1 sustituir el arraigado mito del hombre por el infinito despliegue de lo humano, segxfan queda entre ellas promovido y reflejado.xbb Franxe7ois Jullien’











