Este ensayo constituye una afrenta y un desafío a la sociedad que juzga, a su conveniencia, a mujeres que trabajan en burdeles para sobrevivir, que brindan compañía cobrada o el recuerdo imperecedero… ...
Este ensayo constituye una afrenta y un desafío a la sociedad que juzga, a su conveniencia, a mujeres que trabajan en burdeles para sobrevivir, que brindan compañía cobrada o el recuerdo imperecedero de una sífilis, que palidecen y sueñan mientras deambulan por calles, barrios y hoteles en busca del cliente. Alejandro García acude al santuario de la narrativa mexicana para analizar la figura de la prostituta, idealizada en el romanticismo, magnificada en el modernismo, encarada en la novela de la Revolución y asumida en la narrativa del siglo xx. De esta manera, el lector podrá comprobar la fuerte presencia literaria de aquellas mujeres que recorren calles con zapatos de plataforma, minúscula vestimenta, recargadas en esquinas, con su maquillaje y labios de rojo carmín, y que susurran: Deja narrarte mi historia, contémplame en tu propio espejo.
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