Información
| Peso | 0.2 kg |
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Reseña
b’Tres fueron los hombres que se enfrentaron al embrujo de las sirenas, esas extraxf1as aves que atraxedan irremediablemente a los marineros con su canto: Ulises, que tomxf3 la precaucixf3n de hacerse atar de pies y manos al mxe1stil de su navxedo, escuchxf3 y sobrevivixf3; Orfeo, que en la expedicixf3n de los Argonautas vislumbrxf3 el mortal peligro de su mxfasica y lo neutralizxf3 con las notas de su cxedtara; y Butes, navegante y compaxf1ero del anterior en la misma aventura, que sucumbixf3 al hechizo y se arrojxf3 de la nave. Quignard rescata el acto de este personaje marginal de la mitologxeda griega, xabun olvidado del recuerdo del mundoxbb, sin pretender jamxe1s descifrarlo. Lo utiliza como paradigma de la xabrenuncia a la sociedad de los que hablanxbb. Mientras que Ulises se las arregla para no renunciar a nada -consigue escuchar a las sirenas y tambixe9n regresar a casa-, Butes accede al gran silencio mediante una mxfasica animal, que se opone a la bella mesura de la mxfasica xf3rfica. En la misma lxednea de Michelstaedter, Quignard plantea la dicotomxeda de elegir entre el salvaje nihilismo del instante o la cxf3moda muerte a manos de las normas sociales por anquilosamiento. En estos tiempos en los que hasta la propia disidencia estxe1 definida como parte de la renovacixf3n del sistema, existen por fortuna, a manera de respiro, algunos antiguos contemporxe1neos como Quignard, uno de los pocos xabescritores mxe1s silenciosos que los demxe1s, en pxe1ginas mxe1s mudas todavxedaxbb.’











