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| Peso | 0.297 kg |
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| Editorial | |
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Product details
Alicia Plante propone en `Una mancha más´ un juego deductivo que, a poco de entrarle a su historia, deja de serlo. Porque la trama que despliega supera los límites de la novela policial clásica y, de pronto, cuando el lector menos se lo espera, se encuentra atrapado en una intriga donde los escenarios de lo cotidiano, los gestos de la rutina, todo aquello que parece reconocible a primera vista se vuelve enigma y entonces surge, con violencia subterránea, densa, la tragedia de los chicos apropiados por la última dictadura. `Una mancha más´ opera, en superficie, como una reinvindicación de la novela deductiva. Homenaje, si se quiere, al primer Walsh, el cultor de la intriga cerebral. Pero también, y en lo profundo, homenaje al Walsh posterior que, más acá, aplicó todo su aprendizaje de la policial deductiva en la investigación de la violencia política. Sin desatender este anclaje literario, Plante emplea con inteligencia los recursos de la narración de suspenso y los instrumenta en una lectura de lo social: la clase media, su hipocresía, el autoritarismo y, en un subrayado de la historia, el robo de bebés, el borramiento de una identidad. Mientras empieza a indagar los entretelones de un doble crimen, Julia, la heroína de Plante, se pregunta: `¿De dónde venían entonces los valores, la ideología, las cosas por las que se muere, por las que se vive? Fuentes misteriosas que sin embargo estaban ahí, que ciertamente habían estado siempre. Los cromosomas quizás, vidas anteriores, antiguas deudas que al fin se pagan, alguien amado que una vez nos señaló con el dedo´. Buscando respuestas, Plante construye una novela oscura, densa, que respeta las reglas de la novela deductiva (pistas, sospechas, atar cabos, formular hipótesis, conjeturas, atención al detalle), todo ese arsenal de mecanismos con los que se resuelve un crimen. Pero ¿qué ocurre cuando ese crimen, por más que se pueda identificar un asesino, ha sido instrumentado y legitimado por la complicidad civil? Plante no hace bajada de línea. Pero sí formula preguntas que, mediante lo detectivesco, refieren una tragedia que compromete al lector
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| UNA MANCHA MAS remove | ** OMISION LA remove | TRILOGIA ZAMA SILENCIERO LOS SUICIDAS remove | ** NOVELA remove | ENANA BLANCA remove | OTRA DE MI LA remove | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Name | UNA MANCHA MAS remove | ** OMISION LA remove | TRILOGIA ZAMA SILENCIERO LOS SUICIDAS remove | ** NOVELA remove | ENANA BLANCA remove | OTRA DE MI LA remove | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Availability | En stock | En stock | En stock | En stock | En stock | En stock | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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| Description | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Content | Alicia Plante propone en `Una mancha más´ un juego deductivo que, a poco de entrarle a su historia, deja de serlo. Porque la trama que despliega supera los límites de la novela policial clásica y, de pronto, cuando el lector menos se lo espera, se encuentra atrapado en una intriga donde los escenarios de lo cotidiano, los gestos de la rutina, todo aquello que parece reconocible a primera vista se vuelve enigma y entonces surge, con violencia subterránea, densa, la tragedia de los chicos apropiados por la última dictadura. `Una mancha más´ opera, en superficie, como una reinvindicación de la novela deductiva. Homenaje, si se quiere, al primer Walsh, el cultor de la intriga cerebral. Pero también, y en lo profundo, homenaje al Walsh posterior que, más acá, aplicó todo su aprendizaje de la policial deductiva en la investigación de la violencia política. Sin desatender este anclaje literario, Plante emplea con inteligencia los recursos de la narración de suspenso y los instrumenta en una lectura de lo social: la clase media, su hipocresía, el autoritarismo y, en un subrayado de la historia, el robo de bebés, el borramiento de una identidad. Mientras empieza a indagar los entretelones de un doble crimen, Julia, la heroína de Plante, se pregunta: `¿De dónde venían entonces los valores, la ideología, las cosas por las que se muere, por las que se vive? Fuentes misteriosas que sin embargo estaban ahí, que ciertamente habían estado siempre. Los cromosomas quizás, vidas anteriores, antiguas deudas que al fin se pagan, alguien amado que una vez nos señaló con el dedo´. Buscando respuestas, Plante construye una novela oscura, densa, que respeta las reglas de la novela deductiva (pistas, sospechas, atar cabos, formular hipótesis, conjeturas, atención al detalle), todo ese arsenal de mecanismos con los que se resuelve un crimen. Pero ¿qué ocurre cuando ese crimen, por más que se pueda identificar un asesino, ha sido instrumentado y legitimado por la complicidad civil? Plante no hace bajada de línea. Pero sí formula preguntas que, mediante lo detectivesco, refieren una tragedia que compromete al lector | La omisión cuenta el abismo que se produce cuando en un matrimonio de larga data uno de los cónyugues muere y quien sobrevive descubre con estupor que la vida de su pareja de toda la vida ocultaba un secreto que modifica no solo el presente sino también el pasado. «Yo, Matilde Viale, un metro sesenta y dos de estatura, cincuenta y tres kilos de peso, sin panza incipiente, viuda desde hace dieciséis días, sin marcas personales visibles, hija de Juan Manuel Viale y María Matilde Colombres Guerrrero de Viale, nacida en Villa Allende, Provincia de Córdoba, educada en el colegio St. Catherine de Buenos Aires, estoy desnuda y, desde mi corazón, les digo a todos que muero.» Con esta declaración, que tiene algo de juramento ante un tribunal, de que se va a decir la verdad y nada más que la verdad o de currículum en primera persona, Matilde Viale se dirá lo que acaba de descubrir. Como si recitara un parte, revela en voz alta el vuelco de su vida: el descubrimiento de un secreto capaz de hacer estallar su lenguaje. Ese descubrimiento es el tema de La omisión de manera aleatoria: no es el Alexis de Marguerite Yourcenar desde el punto de vista de la esposa corresponsal, Mónica. La omisión no es la de la doble vida de un abogado «careta», sino de aquello a lo que Matilde Viale ha renunciado por cobardía, cediendo en su deseo: la disponibilidad de su juventud, la amistad con Sara Fiorito, abierta a la sensibilidad política y a la aventura. El secreto que descubre la protagonista luego de la muerte del marido es lo no vivido como una deuda incobrable que finalmente deja abierto el destino hacia una posible felicidad. Como en La intemperie, primera novela de Gabriela Massuh, es la amistad de las mujeres en un marco político la que sostiene la trama (y la vida). La omisión, que se lee de un tirón, en vilo de policial existencial -no hay crimen: la muerte, las muertes, son «naturales»-, invita tanto a la identificación como al sueño con una salida soberana que haga estallar lo individual, sugiere que el progreso puede consistir en preservar el pasado, como las ruinas de Göbekli Tepe, esa civilización que enterró su cultura para salvarla del futuro. La omisión plantea también un acertijo que sólo puede, si no ser descifrado, adquirir sentido leyéndola: «¿soja o infancia?». | Las tres principales novelas de Antonio Di Benedetto, Zama, El silenciero y Los suicidas, en razón de la unidad estilística y temática que las rige, forman una especie de trilogía y, digámoslo desde ya para que quede claro de una vez por todas, constituyen uno de los momentos culminantes de la narrativa en lengua castellana del siglo XX. En la literatura argentina, Di Benedetto es uno de los pocos escritores que ha sabido elaborar un estilo propio, fundado en la exactitud y en la economía y que, a pesar de su laconismo y de su aparente pobreza, se modula en muchos matices, coloquiales o reflexivos, descriptivos o líricos, y es de una eficacia sorprendente. Su habilidad técnica es también asombrosa, y si bien es la tensión interna del relato la que organiza los hechos, esa maestría excepcional los destila sabiamente para darles su lugar preciso en el conjunto. De sus construcciones novelísticas, el capricho está desterrado. Su arte sutil va descartando con mano segura las escorias retóricas para concentrarse en lo esencial. Los que hacen derivar la novela de la épica, con buenas razones históricas probablemente, deberían darse por vencidos: en esta trilogía poco común, las chafalonías melodramáticas y morales de la épica ya no tienen cabida. Los personajes de Di Benedetto se debaten, apagadamente podría decirse, clavados a su imposibilidad de vivir, como un insecto todavía vivo en una lámina de naturalista, por la punta hiriente de alguna obsesión, la esperanza irrazonable, el suicidio, los ruidos «que alteran el ser». Me resulta imposible no abordar antes de terminar un tema central de la literatura argentina: la prosa narrativa de Antonio Di Benedetto. Es sin duda la más original del siglo y, desde un punto de vista estilístico, es inútil buscarle antecedentes o influencias en otros narradores: no los tiene. Como, a estar con la cosmogonía judeocristiana, el mundo en que vivimos, el estilo de Di Benedetto parece surgido de la nada aunque, superior en esto a nuestro mundo, que le requirió a su creador seis días para ser completado, su prosa ya estaba enteramente acabada y lista para funcionar desde la primera frase escrita. | Arnaldo Calveyra es fundamentalmente un poeta, pero como explicó en una entrevista, no hay límites para la creación «cuando lo que uno de veras busca es una suerte de incandescencia de la palabra que se vuelve palabra poética, palabra en un poema. Yo siempre digo en broma que llegué tarde al reparto de géneros». He aquí una nueva, luminosa entrega del arte sin géneros de Calveyra, que lleva el nombre de Novela y uno de cuyos «capítulos» comienza así: ¡Qué lástima!, en la pieza de al lado hacían el amor y yo estaba solo en mi cama a oscuras. Mientras la mujer se quejaba me levanté a tientas, encontré una manzana y me puse a morderla en lo oscuro de miedo a que si encendía la luz no fuera a golpearles la mampara. No molestar a los amantes, no brutalizar a los amantes, ¡excelente perspectiva!, y seguí mordiendo sin hacer caso de las semillas. Era una idea que me quedaba de la más tierna infancia, desde aquel tiempo en que había que pasar, primero sin darse vuelta y, segundo, sin sorprenderse, sea en el campo, sea en los parques de la ciudad en verano. Estaba solo: era tan cierto como que hasta recién había estado molido de cansancio. Comencé a auscultarme: envidia no era, «cada cual tiene la noche que puede», me dije, «o, en su defecto, hay una noche para cada cual», «o a lo mejor Dios da pan al que no tiene dientes», aunque era evidente que no: el largo lamento seguido por la desesperación irremediable de alguien que se está quemando, interrumpido por las canillas sirvientas, me contradecían hasta el tuétano. No, no era verdad, ni yo ni nadie hubiera sido capaz de hacerlo mejor. | De pronto y sin aviso una estrella irrumpe en los cielos con tanto arrojo que es posible observarla incluso a hora del mediodía. ¿Qué otra cosa puede ser ese fulgor sino la muerte que brilla y se derrama desde el cielo? Entonces, un poema de amor erótico que debe ser leído como la noticia del fin del mundo es interpretado como una contraseña: el astrónomo que estudia el prodigio ha conspirado para derrocar al emperador. Y para mantener el orden del mundo o el orden del imperio, que suele ser una y la misma cosa, hay vidas que inevitablemente deben ser sesgadas. Sin embargo es más fácil destruir a los diez mil seres del Tao que a una pareja de amantes que volverá a encontrarse una y otra vez antes de la explosión inicial. Hay mundos que exceden la ciencia, la magia y la sutil forma de los tomentos porque ellos son el latido profundo que todo lo engendra. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Weight | 0.297 kg | 0.361 kg | 0.564 kg | 0.16 kg | 0.14 kg | 0.3 kg | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Dimensions | N/D | N/D | N/D | N/D | N/D | N/D | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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