Información
| Peso | 0.3 kg |
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| Editorial | |
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| Encuadernacion |
Reseña
b’La pintura impresionista, trivializada a veces tras un siglo de xe9xito, fue en otro tiempo una revelacixf3n deslumbrante. Para recobrar aquel momento, aquella visixf3n original, hay que acudir a las reacciones de la crxedtica de la xe9poca. os primeros defensores de Manet y Degas, Monet y Pisarro, se acercaron a sus obras desde un credo naturalista, pero apreciaron ya en ellas un giro subjetivo: el pintor impresionista no querxeda plasmar la naturaleza misma, sino una sensacixf3n personal ante la naturaleza. Mediada la dxe9cada de 1870, se formarxeda en la crxedtica de arte un modelo oculista, que pretendxeda explicar la nueva pintura estudiando la fisiologxeda del ojo impresionista. Un ojo primitivo, reducido a puras vibraciones de color; un ojo analxedtico, empexf1ado en descomponer los matices mxe1s sutiles de la luz; un ojo hipersensible, degenerado o bien adelantado a la evolucixf3n futura de la retina humana. Ese paradigma xf3ptico dominarxeda hasta 1890, cuando los crxedticos simbolistas, al asumir la defensa de Van Gogh y Gauguin, definieron el arte como escritura de signos. En esta antologxeda se rexfanen los textos esenciales de la crxedtica del momento sobre el impresionismo, hasta ahora inxe9ditos en castellano. Entre sus autores se encuentran algunos de los escritores mxe1s celebrados de la xe9poca, asxed como muchos otros. Los ensayos vienen acompaxf1ados por una amplia seleccixf3n de las pinturas de Manet, Degas, Monet, Renoir, Pisarro, Cxe9zanne, Seurat, Gauguin y Van Gogh, entre otros.’











