Información
| Peso | 381.4 kg |
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Reseña
b’El espectador no desea el horror, pero lo disfruta en el arte y lo sufre en la vida. Cuando se trata de la monstruosa combinacixf3n de lo abyecto y lo sublime, el goce se convierte en un placer nunca apaciguado, siempre problemxe1tico, con frecuencia irresuelto, que linda con lo fisiolxf3gico, incluso con lo patolxf3gico. Una retxf3rica de los efectos que el espectador conoce bien; de efectos extremos que convierten al receptor en voyeur o en vxedctima (junto con la vxedctima exhibida), y que llegan incluso a transformarlo, cuando la crueldad se exhibe obscenamente, en un verdugo insensible. Miradas del horror que son placer del lxedmite y placer al lxedmite: asxed lo ensexf1a el siglo XVIII. Este siglo del buen gusto elabora un sentido del lxedmite, pues representar el horror significa, mxe1s que domesticarlo, hacerlo todavxeda disfrutable. Juego de lxedmites que dejan de ser lxedmites aludiendo a un infinito que a menudo posee los rasgos de lo sublime.’











